Me costó que decidir sobre que escribir y
postear, mismo estaba pensando en dilatar un poco más el primer cuento, tal vez
para la semana que viene o la otra. Pero sucede que a partir de un desafío de
la página 365microcuentos.com ( en Twitter) para escribir un microcuento, relacionado
a San Valentín, tuve un rapto de inspiración para escribir este cuento.
Y para no ser menos empalagoso que los demás (aunque
ya sé que llegué unos días tarde, pero acostúmbrense, así soy de yo) decidí
dejarles este cuento “San Valentinesco” un poco más desarrollado y modificado a
los 280 escasos caracteres que permite la Red Social mencionada.
Ya sin más preámbulo, los dejo con el cuento
esperando que lo disfruten y comenten.
Fútbol y San Valentín
Todo
comenzó en San Valentín, en un bar de Bs. As. O tal vez antes, tal vez inicio el
día que nos citamos allí, en ese barcito que quedaba en la esquina, a la vuelta
de la facultad. Si definitivamente empezó ahí, porque fue la primera vez que le
hable luego de estar embelesado por esos ojos verdes enmarcados por el cabello
negro por semanas. Nunca habíamos hablado, pero ese martes ella me preguntó si
el banco contiguo al mío estaba ocupado, a lo que le respondí que no. O por lo
menos transmití con un sacudón de mi cabeza.
Durante toda la tarde ambos prestamos atención únicamente
a lo que decía el profesor, yo ante todo tenía fija la vista hacia el pizarrón,
ni de reojo pude contemplar su hermoso rostro por miedo a quedar como un “baboso”.
Dentro
de ese martes, el preciso momento que todo inicio fue cuando el profesor nos
dijo que había que hacer parejas para la parte práctica, quedando ella y yo como
compañeros.
La verdad, ese momento fue glorioso, no solo
era hermosa, sino que por demás inteligente. A toda pregunta que había en el
trabajo práctico ella la contestaba sin siquiera hojear el libro, cosa que yo si
necesitaba, y al hacerlo me daba cuenta que lo que ella había contestado estaba
perfecto, como si sus palabras y conocimiento fuesen una extensión de ella
misma. Gracias esto terminamos el trabajo más rápido de lo previsto, y ya
habiendo roto el hielo, nos pusimos hablar en lo que restaba de la clase.
Con
cada minuto que pasaba me hechizaba más y más. Y ya viendo que se acercaba el
fin de la clase me apure, torpemente, a decir:
- ¿Tegutariairatommmaralgocomigo?...
- Disculpa, no te entendí – me dijo amablemente
y obviando que me había puesto rojo.
- Je, si disculpa. Te preguntaba si te gustaría
ir a tomar algo conmigo, ¿Este jueves, por ejemplo?
- Ahhhh, pero este jueves es 14 de febrero, es
San Valentín…
- Perdoname. – Estaba en parte abochornado y
deprimido- No sabía que estabas de novia…
-No tengo novio. Si no es que no sé… San Valentín,
primera cita… No parece buena combinación… No sé.
-Pero no te preocupes, hagamos esto. El jueves
lo tomamos como una “prueba”, vamos al bar de la esquina, a la salida de la
facultad. Y si la pasamos bien hacemos la “Primer cita verdadera” al siguiente
sábado. ¿Qué te parece?
-Bueno, puede ser – Ahora le toco a ella sonrojarse
levemente y lo tome como una buena señal.
El miércoles no teníamos clases, pero
intercambiamos teléfonos y confirmamos la cita para el jueves. Y finalmente
llego el día. La clase se me hizo eterna, además ella llegó tarde y los
asientos alrededor mío fueron ocupados por 3 chicos, quienes me parecieron en
ese momento los sujetos más despreciables y ruines de la faz de la tierra.
Al
finalizar la clase la esperé en el pasillo, en frente de la puerta, y tras un
beso en la mejilla y un breve “¿vamos?” nos dirigimos al bar. Durante el corto
camino nos acompaño un silencio pesado, un silencio que auguraba que algo no
iba a salir bien. Pero en ese momento no le di importancia y pensé que en la
intimidad del bar, mesa de por medio, se nos iban a ir todas las inhibiciones y
todo marcharía como lo había planeado.
Sin embargo, el primer paso en falso de esa
tarde-noche fue abrirle la puerta, como un acto de caballerosidad, para que
ella ingrese primero. Esto le permitió elegir a ella la mesa y en qué lugar
sentarse. No es que me interese donde nos sentaríamos normalmente, pero al
cerrar la puerta a mi espaldas comprendí el enorme error que cometí, tanto
eligiendo la fecha. Ese día jugaba Racing, ¡MI RACING!
El partido era la Ida de la primera ronda de la
Copa Sudamericana, contra el Corinthians en Brasil. Había quedado parado en la
entrada, con los ojos fijos sobre el televisor por lo menos dos o tres
segundos. Trate de tranquilizarme, me decía a mi mismo que no importaba, que el
partido de Vuelta lo vería en el Cilindro de Avellaneda y que hoy disfrutaría de
mi cita con ella, evitaría pensar en el partido para darle toda la atención que
se merecía en ese momento.
Pero aquí es cuando se hizo evidente lo caro
que sería mi acto de caballerosidad. Ella se sentó en una mesa con franca vista
a la pantalla y ella se ubico de espaldas a la misma, lo que no me dejó más
opción que sentarme de frente a ella.
Orgullosamente puedo decir que lo llevaba
bastante bien, no puedo decir que mi comportamiento fuese perfecto, pero lo máximo
que me distraía era cuando, en algún momento de pausa en nuestra conversación, desviaba
sutilmente la mirada al televisor para chequear el resultado y el tiempo jugado.
Ella no parecía notar esas distracciones de fracciones de segundos, por lo que
todo parecía prometedor. Sin embargo, mi comportamiento casi perfecto se fue por
la borda en el minuto 23 del primer tiempo. Justo cuando Ríos enganchó, dejando
a contra pie al zaguero brasilero, levante la mirada hacia la pantalla, y lo vi
clavar un zurdazo orientado al segundo palo. .Junto a varios clientes del bar
salte con el grito de GOOOL!!! Fue un acto inconsciente, de reflejo diría,
normal para mí o para casi la totalidad del bar. Me di cuenta que de mi error
al volver a sentarme con una sonrisa en la cara. Al ver su cara de enfado, se
me borro la sonrisa. Balbucee miles de disculpas, le dije que era un
desubicado, que me disculpe, que la iba a compensar, que nos fuésemos a otro
lado. Pero lo único que me dijo fue “Esta bien, lo entiendo. Quedémonos acá no
hay problema”.
A
partir de ese momento no quite la vista de sus ojos, no mire nunca la pantalla
en todo el tiempo que estuvimos en el bar, de hecho me enteré como había terminado
el partido cuando estaba en el colectivo volviendo a casa. Si bien nos
divertimos, ella rió y hablamos de todo, había algo en el ambiente que yo
sentía como barrera, y estaba seguro que se debía a mi inoportuno grito.
Al finalizar la velada la acompañé hasta la
parada del colectivo que la llevaba hasta su casa, donde vivía con una amiga.
Esperamos juntos, hablando y riendo, y cuando vi que se acercaba el colectivo
le pregunté si íbamos a tener nuestra “cita real” el sábado próximo. A lo que
ella me contesto “Vamos a ver”, me dio un beso en la mejilla y se subió a su transporte.
No podía
creer mi infortunio, mi desatino. Me maldije una y mil veces en el trayecto de
vuelta hacia Avellaneda. Como podía ser tan tonto de concertar una primer cita
en San Valentín, y encima cometer tal desacierto de gritar un Gol en el medio
de esta. Ese “Vamos a ver” retumbaba en mi cabeza, y cada vez me decía que era
un idiota. Nada mejoro mi ánimo al enterarme que habíamos empatado al final,
Corinthians nos lo había empatado al minuto 88. Ese día fue terrorífico.
Impacientemente esperé la tarde de viernes,
para verla en la facultad. No dejé que nadie se sentase al lado mío, y me
concentré en la entrada al aula viendo como entraban uno a uno mis compañeros.
Por último entró el profesor, cerró la puerta y empezó la clase. 15 minutos pasada
la clase me di cuenta que ella no vendría ese día.
Decidí
no molestarla. Estaba desesperado por saber de ella, necesitaba saber que había
decidido sobre la salida de ese sábado, pero no quería tampoco forzar la situación.
Pero el sábado al mediodía supe de ella. Me mando un mensaje, un único mensaje
que decía…
“Disculpa,
pero lo nuestro no va a poder ser.
Me di
cuenta que sos fanático del fútbol y de Racing…
Y yo lo soy también, pero de Independiente…”
NdA: Hago una aclaración para quien no conozca a
estos dos equipos mencionados, Racing e Independiente. Son 2 de los equipos más
grandes de Argentina, ambos equipos tienen su estadio en la localidad de
Avellaneda, en la provincia de Buenos Aires, siendo que sus canchas se
encuentran separadas por solo 2 cuadras. Y como debe ser en este tipo de caso, son
acérrimos rivales.
Espero que hayan disfrutado.
Me parece bueno el texto, tiene ritmo, la historia te engancha, el detalle lo encuentro con el final, en especial con las ultimas lineas me parecen demasiado explicativas, si me permites yo lo dejaría así:
ResponderEliminar5 años después me case con ella, eso si, los clásicos los miramos por separado.
Recuerda que solo es un punto de vista, tu tendrás la mejor decisión.
Espero leer más de tus textos.
Gracias por el aporte. Toda corrección o comentario que me hagan lo tendré en cuenta. Este debe de ser mi cuarto o quinto cuento que escribo, así que seguramente haya mucho que mejorar.
EliminarPronto postearé un nuevo cuento y espero también tu punto de vista sobre él. Saludos