Desde el Balcón

Es un sábado veraniego, pero agradable para estar afuera. Uno de esos días en los cuales corre una brisa que besa un lado de la cara para continuar en el contorno del mentón y perderse por la mejilla opuesta, perdiéndose en la eternidad, como un mimo oportuno y natural.
Desde el hermoso  balcón, apoyado sobre la baranda, descansaba después de un largo día de trabajo con la mudanza a mi nuevo departamento. Desde aquí solo se puede ver verde, verde por todos lados. La vista es hermosa, es lo que siempre había soñado, ver verde por doquier. Pero no solo es verde, sino que también está manchado de ese amarillo proveniente del tímido sol de la tarde.
Perdido en mis pensamientos, inesperadamente siento un pecho apoyado sobre mi espalda y unos brazos que me rodean, pasando por la altura de mis hombros, para cerrarse y apoyarse sobre mi pecho. Una mejilla que se apoya en mi espalda, entre cada uno de mis omóplatos. Casi espontáneamente nuestras respiraciones se sincronizan, como si la respiración de uno dependiera de la del otro. Entre sus manos hay una lata fría, la cual posa sobre las mías y me dice en un leve susurro Te lo ganaste, ahora mira el partido de Ferro tranquilo.
Y así pasamos nuestro primer sábado. Desde nuestro nuevo balcón, abrazados y viendo a mi Ferro amado, con la persona que amo. Este breve y simple momento es mi definición de perfección.




Nota: Ferro (o Ferrocarril Oeste), es un club que milita en la liga de ascenso argentino, con una basta historia, incluso en la primera división. Tiene la característica de tener su estadio en el barrio porteño de Caballito y, tal como se ve en la imagen,  en frente del mismo se ubican varios edificios, que permiten disfrutar los partidos del club desde los balcones de cada departamento.

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